ORGULLO DE RECICLAR VIDRIO

ORGULLO DE RECICLAR VIDRIO

Si he de ser sincero, que siempre lo soy, os diré que empecé a reciclar hace solo dos años, y no fue por voluntad propia. Era de los que pensaban que daba lo mismo separar la basura en casa porque al final todo acababa en el mismo sitio.

Y, raro en mí, estaba equivocado.
Y ahora, pues me arrepiento mucho de no haber empezado antes.
Pero nunca es tarde, no?

Fue Daddy y los niños los que empezaron a concienciarme de la importancia de separar los envases de cartón, plástico o vidrio de lo orgánico, fueron ellos los que improvisaron dos contenedores para poner al lado de nuestro precioso cubo de Ikea y estropear la estética, fueron ellos los que iban detrás de mi para sacar el tetrabrik de leche entera de mi basura de siempre. Me daba pereza ponerme a pensar dónde tenía que echar cada cosa. Bud ya llevaba tiempo haciéndolo, porque claro, al ser americano demócrata se conciencia antes de las cosas que son buenas para el planeta y los niños porque en el cole trabajan mucho el tema del reciclaje.
La cosa es que ahora, y a día de hoy, ya estoy convencido de que no hay otro camino que no sea el de reciclar. Así que tenemos 3 cubos y hasta un recipiente donde pongo pieles de frutas y verduras para las gallinas!! Flipa!

Hace unos días a través de nuestra cuenta de Instagram la gente de Ecovidrio nos envío un contenedor que había customizado con motivo de la celebración en todo el mundo del Orgullo LGTBQ.
O sea, puede haber algo más bonito en este mundo??

Y claaaro, una familia como la nuestra no podia tener otro contenedor que no fuera este!!!

Pero lo que más nos llamó la atención de este regalo no fue el miniglú, si no la campaña solidaria que traía de la mano.

Todas las ventas de este miniglú van destinadas íntegramente a la Fundación Eddy, una entidad sin ánimo de lucro, y que se caracteriza por ser el primer hogar de acogida en España para jóvenes del colectivo LGTBI víctimas de violencia familiar, bullying o cualquier otra forma de LGTBfobia.

 

La carne de gallina, que queréis que os diga. Me emociona que empresas importantes de nuestro país piensen y emprendan campañas solidarias en apoyo a nuestro colectivo es un paso súper importante en nuestra sociedad. Empresas que dan la cara y no tienen miedo de decir que todos somos iguales y que el Orgullo sigue siendo necesario hoy en día.

Si queréis colaborar y que el importe de vuestra compra vaya íntegro a esta fundación os dejo el link aquí.

Deciros que durante todo el mes de Julio los gasto de envío son gratis si utilizáis el código “envioconorgullo”

Así que vamos, todos a reciclar vidrio con orgullo!!!!

 

ENTENDER EL AMOR

ENTENDER EL AMOR

El amor siempre está. Siempre. Y por supuesto se siente. Pero primero hay que aprender a verlo. Es muy simple si se quiere. Solo hace falta abrir los ojos y mirar alrededor de uno mismo. Con un poco de práctica podrías llegar a ver que detrás de esas personas que tú consideras grises hay dos nubes blancas sujetando un arcoíris imperfecto. O perfecto, depende de si te colocas un poco más allí o un poco más acá.
Lo principal para poder ver el amor es detenerse, respirar hondo y dejar la mente limpia, sin prejuicios, abrir los brazos y sonreír.
Pero mucha gente no sabe ver el amor. O no quiere verlo.
Y esa gente está entre nosotros. Y para esa gente, lo más simple de ver, resulta de lo más complicado de entender.
Y es que para entender algo primero hay que verlo, o saber verlo… o querer verlo.
Mi nombre es Manuel Santos. Nací hace 45 años en el hospital de Sagunto.
Desde que tengo uso de razón yo sabía que era diferente al resto, que yo sentía diferente al resto. Pero en los 70 y en los 80, y también en parte de los 90, el amor que yo quería recibir, el amor que yo podía ofrecer, había que esconderlo. No se podia decir, no se podía ver, no se podía gritar.
Si nadie lo entendía, ¿cómo iba a entenderlo yo?
Entonces había que actuar para que nadie te insultara, para que nadie te apartara. Una buena interpretación, meterse en el personaje como si de una película se tratara para que nada ni nadie pudiera hacerte daño.

En la explosión de la pubertad, entre erecciones y hormonas enloquecidas, yo no podía gritar, no podía sentir y lo peor de todo, no podía hablar con nadie de lo que me pasaba.
Lo que yo sentía no estaba en los libros del Círculo de Lectores, ni en la tele de dos canales, ni en las revistas del corazón que compraba mi abuela Carmen.
Simplemente no existía.
A los 20 necesité huir. Me fui a Madrid a encontrarme a mí mismo, al yo que se había quedado apaciguado y silenciado aquí en el pueblo.
Y lo hice. Vamos que si lo hice. Aprendí a sentir, a disfrutar, a gritar, a sentirme yo y a sentirme libre de sentir lo que me diera la gana. Porque algo estaba cambiando en el mundo. Algo estaba cambiando en Madrid. Algo estaba empezando a cambiar en Sagunto.
Empezábamos a existir. El mundo empezaba a entender y respetar el amor en todas sus formas.
A los 30 volví al pueblo. Y yo era otro Manuel, supongo que el que siempre había querido ser. Salí del armario ante mi madre, que se llevó un pequeño disgusto que le duró unas horas… (Ante mi abuela no hizo falta, ella era muy lista y sabía ver y entender el amor como nadie).
En el 2005 Zapatero sacudió la piel de toro en los balcones de la Moncloa y, de repente, empezamos a tener los mismo derechos que cualquier persona. ¡¡Podíamos casarnos!! ¡¡Podíamos casarnos!! ¡¡Casarnos!!
Aún recuerdo aquel día como si fuera hoy, como si lo estuviera viviendo ahora mismo, y se me pone la carne de gallina mientras lo escribo, lo que pude llorar y reír ese día por algo que casi todo el mundo podía hacer desde el principio de la humanidad, casarse y poder formar eso llamado “familia”.
Las leyes se iban poniendo de nuestro lado, al igual que la sociedad. Y de repente personas no heterosexuales aparecían en los programas de la televisión, en los libros y en las revistas del corazón.
El amor se empezaba a entender.
Y se empezaba a entender porque se empezaba a ver.
Hoy, año 2020, a mis 45 años estoy casado con un hombre, tenemos dos hijos maravillosos que van a una escuela pública de la zona y podemos afirmar que nos sentimos totalmente integrados en la sociedad.
Si alguien me hubiera dicho en mi pubertad, o en mi juventud de que iba a poder formar una familia así, no me lo hubiera creído. Porque al no haber visto nada parecido, al no haber tenido referentes, no hubiera entendido que esto, lo que tengo y he logrado a día de hoy, era posible.
Es por eso que desde nuestra cuenta de Instagram @twogaypapas luchamos día a día por visibilizar nuestra familia. Luchamos contra el odio y ayudamos a ver el amor.
Porque lo que no se ve, no existe.
Y nosotros existimos, y queremos que los jóvenes sepan que sean como sean, sientan como sientan, todo es OK.
Y que es responsabilidad nuestra, es responsabilidad vuestra y es responsabilidad de todos, hacer que el amor se vea, hacer que el amor se entienda.
Mi nombre es Manuel Santos y mi historia es la de much@s.
Mi historia también es la del gran cambio que ha vivido nuestra sociedad, nuestro pueblo.
Pero aún queda mucho por hacer.
Y vamos que si lo haremos.

NOTA: Este texto lo escribí a petición de la Falla el Tronaor de Sagunto para participar en su llibret 2020 dedicado al colectivo LGTBQ+